
Cómo investigar usuarios antes de crear un producto
Empieza por la pregunta, no por tu solución
Que una idea te entusiasme no demuestra que alguien la necesite. En el video planteo un riesgo frecuente: asumir que nuestras preferencias representan las de todos. Un producto puede estar bien construido y seguir sin encontrar compradores porque resolvió un supuesto, no una necesidad contrastada.
Antes de decidir qué desarrollar, escribe qué problema crees que existe, a quién le ocurre y en qué situación. Separa lo que sabes de lo que estás suponiendo. Una pregunta como ‘¿cómo organiza hoy esta persona sus pagos?’ abre más espacio para aprender que ‘¿te gustaría usar mi aplicación?’.
Observa lo que el usuario hace hoy
Investigar usuarios implica acercarse a su contexto. Pregunta por una experiencia reciente, cómo intentaron resolverla, qué les costó trabajo y qué alternativa eligieron. Escuchar un caso concreto permite explorar el comportamiento, además de recoger opiniones generales.
La mirada etnográfica que menciono en el video busca conocer el estilo de vida, las influencias y los motivadores de las personas. Cuando sea posible y con su consentimiento, observa cómo realizan la tarea. Registra también restricciones de tiempo, herramientas y decisiones que tú no habías contemplado.
Distingue un hallazgo de una interpretación
Conserva por separado lo que alguien dijo, lo que observaste y la explicación que tú propones. Que una persona abandone un proceso es una observación; atribuirlo al precio sin preguntarle es una interpretación. Esa diferencia ayuda a no sustituir un sesgo inicial por uno nuevo.
Busca perspectivas distintas dentro del público que quieres atender. Una conversación útil no representa por sí sola a todo un mercado. Tampoco el número de entrevistas, aislado de su contexto y calidad, confirma que exista demanda.
Prueba la propuesta antes de construirla completa
Una prueba de concepto debe ayudarte a responder una incertidumbre concreta. Define qué quieres aprender y el comportamiento que observarás. Puedes mostrar un recorrido sencillo, una propuesta explicada con claridad o una demostración limitada. La prueba no tiene que aparentar un producto terminado.
Ejemplo hipotético: si piensas crear una herramienta para organizar gastos de pequeños negocios, observa primero cómo registran compras y cobran ventas. Tal vez el problema no sea la falta de gráficas, sino que nadie tiene tiempo para capturar cada movimiento. Ese hallazgo cambiaría lo que conviene probar primero.
Decide qué cambia con lo aprendido
Al cerrar la prueba, vuelve al problema inicial. ¿Qué evidencia lo respalda? ¿Qué parte de la propuesta confundió a las personas? ¿Qué alternativa siguen prefiriendo? Decide si necesitas ajustar la solución, entender mejor al usuario o detener esa dirección de trabajo.
Investigar no elimina toda la incertidumbre ni garantiza ventas. Su valor está en tomar decisiones con más contacto con la realidad. Antes de invertir en la siguiente funcionalidad, pregúntate: ¿estamos resolviendo una necesidad del cliente o defendiendo algo que solo nos gusta a nosotros?
Lectura desarrollada a partir del video de Adán Sthif. Ver la conversación original y su resumen. Los ejemplos hipotéticos se incluyen para ilustrar la aplicación.